Núnca nadie me dijo que ésto iba a durar para siempre. Al contrario. En tono de broma y, entre risas, me señalaban que lo estaba haciendo mal. Que terminaría pronto. Me llenaron de inseguridades... Te escribí un montón de notas que tú jamáz leíste, porque no tuve el valor suficiente para entregártelas. Escribí un montón de canciones, prosa a prosa, que tú jamáz leerás. Menos ahora. Después de todo lo que ah pasado, ¿Para qué?. Sólo te traería malos recuerdos...Ésta playa en la que no nos juramos amor. Éste amanecer que jamáz me prometiste. Ésta arena que no alcanzé a sentir claramente, porque prefería sentirte a tí. Éste curioso olor a sal que emana de la anaranjada agua... ¿Desde cuándo está aquí?. Núnca lo noté. Quizás porque siempre estuve demaciado ocupada... Robándome tu atención, preocupada de que me miraras. Te que me dijeras álgo. Impaciente por escucharte decir mi nombre, agitando los brazos y moviendo las manos para que vinieras hacia mí. Esperando álgo... Que núnca llegó. Porque jamáz me prometiste nada. ¿Por qué jamáz me prometiste nada?. Quizás porque sabías que no ibas a cumplirlo. Tal véz porque no era necesario... En ésos tiempos en los que yo me conformaba con una mentira. En ése burdo pasado que fué el infierno, y hoy se pinta de un verde aguado con tonos rosas. En ése borroso recuerdo en el que no recuerdo haber dicho 'te amo'.
Jamáz te prometí nada. Simplemente pusimos palabras en la boca del otro, ¡lo que nosotros queríamos oír!. ¿Querías que te protegiera? Entonces lo haría. Te llamaría todas las tardes lluviosas, sólo para escuchar tu voz... ¿Querías que te dijera que no estás sólo? Lo haría. No sé si porque realmente así me sentía, o para agradarte. No quería dejarte sólo. Y aún así... Todo éso ya pasó. Y, aunque jamáz me prometiste nada, siempre estuve esperando. Jamáz me prometiste nada, pero aún cuando tomamos caminos separados te busqué. Si bien la pared entre nosotros era alta, siempre podría mirar hacia el otro lado... Núnca te pregunté si te molestaba. Yo quería que me miraras. Pero dolía. Pudiste haber dicho que vendrías a buscarme, o que no te rendirías... Incluso pudiste haber dicho que ésto no acabaría, e insinuado festividades blancas en un futuro para mí inprobable. Pero no lo prometiste. Y, entonces, no pasó.
Las blancas paredes se tiñeron de rojo y azúl. No quise mirarlas, pero ahí estában. Quise irme, pero las puertas estaban cerradas por fuera. Te dormiste. Yo te ví. No logré consolarte, ni alejar ésa lágrima de tu rostro ántes de despertar. Tampoco me atreví a arroparte, por miedo a que despertaras... Por miedo a que no despertaras. Lo que algún día pensé que era lindo o satisfactorio, hoy no sabía a nada. Después de todo, núnca supo verdaderamente a nada. Y me pregunto si me iré al infierno por éso. Y, siendo así, ¿Podríamos repetirlo?...
No espero nada. No quiero nada. No digo nada. No escucho nada. Sólo recorro el camino. Ya no hay cuerda que sostener. Hace un tiempo atrás, se cortó. Y el extremo que me correspondía, hoy yace en algún lugar, medio incendiada, medio dolida. Pero sóla. Y sigo caminando... No espero que vengas, y no espero que te vallas. No estoy ansiosa, ni tampoco triste. No siento dolor, ni tampoco nostalgia. La alegría que finjo es lo que me alimenta, y la poca autoestima, lo que le dá sabor.
En ésos tiempos en los que no valoraba tu risa, cuando las nubes solían pasar demaciado rápido, entre risas y mentiras. En ése pasado al cual no regresaría, aún si pudiera cambiar las cosas. No valdría la pena, y lo hecho, hecho está. Ése burdo recuerdo que me queda del amanecer que no compartimos, porque te dormiste temprano ésa noche, y yo desperté tarde ése día. Esa cuenta importante de los amaneceres que pudimos haber compartido, y los dejamos pasar. Y no fué tan sólo una, y no fueran tan sólo dos... Se nos escaparon como agua entre las manos, porque no las quisimos mirar. Pero jamáz me prometiste que lo haríamos. Y entonces, no pasó.
Aún si la memoria pudiera borrarse, no lo haría. Y aún si pudiera matarte, no me atrevería. Aún siendo lo suficientemente valiente para cometer un suicidio, lo evitaría. No por sentirme superior a ello, ni por no querer rendirme a la vida. No tengo nada que probar, ni nadie a quién acusar. Simplemente porque, si éso pasara, entonces... No podría seguir sentada aquí, esperando, pacientemente, que se acerque una oportunidad y, entonces, hacer que me prometas el amanecer que no me prometiste ántes. Y sentir la arena que ántes no sentí. Y darme cuenta de lo que no quise mirar entonces. Y llamarte cada tarde lluviosa, y sentirlo en el pecho. Que las palabras salieran, entonces, de mi pecho con la vergüenza y verdad que se merecen, y con una voz audible únicamente para tí. Las mejillas rozadas, aún si tú no pudieras verme, sabrías que "no estás sólo". Y te escucharía reir al otro lado del teléfono. Y éso sería suficiente... Aún si no vieras mis lágrimas, sabrías, que lo que eh llorado, ah sido por tí. Para tí. Contigo. Y con tu risa nerviosa, me calmarías. Y aún si yo no pudiera ver tus ojos rojos, lo sabría. Y sería por éso que ésa sonrisa detendría la lluvia para ambos. Y aunque afuera el mundo estuviera ahogándose, no importaría. Porque, inconcientemente y sin decirlo, estaríamos viviendo el amanecer que jamáz nos prometimos...
Ése amanecer al que le cerramos la puerta. Ése del que yo me reía. Ése amanecer que te aburría. Ése que preferí evitar. Ése que nos observaba, a veces, pero nosotros no podíamos deternos a observarlo de vuelta. No podíamos. Nos cegábamos uno al otro, concentrándonos en nosotros mismos y no en el otro. No podíamos ver nada más allá de nuestras manos, y en ése burdo pasado que sigue doliendo, no nos importaba. Y un día abrímos los ojos. Y la lúz nos cegó. Creímos ser capacez de seguir el camino pero, en algún lugar, uno de los dos calló. Y el otro tenía tanto miedo de caer, que no le estiró la mano para ayudarlo. Aunque jamáz nos prometimos nada.
...Para cuando podíamos ver de nuevo, lo que vimos no nos gustó. Para nada. Y yo quería volver a estar ciega. Yo quería no ver nada de ésto. Quería vivir en tus mentiras, y envenenarte con las mías. Pero no se puede vivir de ados por voluntad de uno. Y me largé, entre el frío. Ése amanecer jamáz vá a llegar, porque incluso ahora eh decidido... Que no quiero mentirte más. Y así lo dejo. Aún si te lo escribiera, no lo entenderías. Así que me detengo. Me siento un rato. Aún si me gustaría estar envuelta en tus mentiras, me contengo, no grito. Sólo callo, me hundo en el silencio... Para cuando me doy cuenta, ya te has ido. De nuevo. Sigo caminando, y aunque cada véz me alejo más, mantengo mi mente en ése amencer imaginario. Ése que jamáz me prometiste, pero que quedó en mi mente colgado como un cuadro y que me mantiene ocupada, pensando en las diferentes y únicas formas de hacer que ése amencer no prometido, sólo imaginario, sea perfecto. Sujeto tu mano aunque no sientas la mía. Miro tu rostro, pero no veo tu expreción. Intento hacer que se vuelva real. Me apoyo en la punta de mis pies para ver si te alcanzo. Sigo sin poder verte...
Quizás sea porque, ni en éste, ni en ningún otro de los tantos amaneceres que no vimos, nos prometimos nada.
Capítulo3 "Las memorias son privadas, pero los papeleas no violan derechos".